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“Que me la chupen y la sigan chupando”, dijo el técnico

Al final, a Maradona se le salió la cadena

Diego ofreció una conferencia de prensa vergonzosa, repleta de agresiones y términos soeces. “Sigan mamando”, repitió ante la prensa. Y a un cronista le apuntó: “Vos la tenés adentro”.

A. W., desde Montevideo
15.10.2009

Un final maradoniano. Diego y Bilardo, que acababan de abrazarse eufóricamente, les dedican el triunfo a los hinchas argentinos.

“Que la chupen y que la sigan chupando”. Fueron las primeras palabras de Maradona apenas terminó el suplicio en el Centenario. Después, sacándose de mala manera todos los micrófonos e ignorando a los periodistas –incluso a sus amigos periodistas–, se hizo racimo con los jugadores, esos que “hoy me consagraron como director técnico”, según explicaría en una conferencia posterior que quedará para la historia.

Pero antes, todavía en la cancha y con la clasificación recién salidita del horno, Diego llorando gritó y saltó de cara a los hinchas argentinos y se abrazó con todo el plantel, incluido un Bilardo que entre lágrimas repetía “ya está, ya está” y “éstos te querían rajar”, señalando a todos los cronistas que rodeaban la escena.

“A los que no creyeron en mí, con perdón de las damas, que la chupen”, repitió, ya en conferencia un Maradona desatado. “Para los que no creyeron en la Selección, a los que me trataron a mí como una basura, hoy estamos adentro. Sin ayuda de nadie, con todos los honores. Ganándole a un gran equipo como el uruguayo que se jugó la vida en todo momento. Esto quería decirles, nada más”, dijo el técnico que sin embargo siguió hablando y que remarcó que pese a su felicidad por haberse metido en el Mundial, “hay un sector que no se lo merece. Y está todo bien, pero yo tengo memoria”.

Y enseguida sacó a relucir esa memoria que se llama rencor cuando el periodista de América Juan Carlos Pasman comenzó a preguntar y Diego lo interrumpió con un “vos la tenés adentro”. “Sigan mamando”, también disparó la boca del entrenador.

Y ya más calmo se acordó del seleccionador de Chile: “Quiero mandarle una felicitación a Bielsa. Pero por sobre todas las cosas, porque cuando nosotros perdimos con Paraguay, uno de los primeros llamados que recibimos en el cuerpo técnico fue de Bielsa, pidiéndonos calma”.

Más temprano, por la mañana, la lluvia con la que se había levantado Montevideo parecía haber enfriado los calores de estos días, en los que hasta se llegó hablar de guerras y batallas, una metáfora estúpida que tanto gusta en el fútbol. Pero el estadio Centenario, a pesar del frío y de la lluvia, fue un hervidero. Hasta aquí trajo Maradona su leyenda. Aquí la puso en juego. Porque el mito viviente comenzó a resbalar desde el lugar más impensado, el de técnico de la Selección.

“Como futbolista lo respeto, era un grande, pero como técnico me parece que no va”, dice Andrés, el diariero que podría hablar de fútbol hasta su próxima vida. De algún modo, es la demostración de lo que ocurrió con la travesía de Maradona como DT: visibilizó su humanidad, se hizo carne y hueso ese hombre convertido en Dios, sentado en una silla que para millones de argentinos es casi comparable a la de un funcionario público.

A partir de aquí, deberá cambiar todo, o casi todo. La Selección juega mal. “Como el culo”, dice Menotti. No hay ideas, no hay plan, no hay futuro. Y no es para cargarlo sólo a la cuenta de Maradona. Acaso eso, entre otras cosas, es lo que buscó Grondona para su nominación. Con un plantel desmembrado, Diego era el hombre ideal para absorber cualquier conflicto. Pero de arranque, cuando el Roll Royce ni siquiera se había puesto en marcha, aparecieron los problemas: la pelea con Batista, la insistencia por Ruggeri, la indiferencia hacia Bilardo, y, el que más afectó directamente lo futbolístico, la renuncia de Riquelme. De ahí, al desbarranque en Bolivia, hubo un solo paso. Luego llegaría la mudanza a Rosario, los goles de Brasil, la derrota con Paraguay, el retorno a la casa de Núñez, el sufrimiento frente a Perú, y ayer el gol de Bolatti a los 39 del segundo tiempo, en lo que prácticamente era el primer tiro al arco ante Uruguay, para ponerle fin a una clasificación que millones creían, tal vez empujados por cierta soberbia futbolera, que desde hace mucho se tenía ganada por historia. ¿Merecía la Argentina ir al Mundial? ¿Está entre los mejores equipos de la Tierra? ¿No será que hace falta más que jugadores millonarios, pero que no logran un equipo?

No es Maradona el único responsable, más allá de esa desorientación que suele mostrar en un puesto que requiere de un conocimiento pedagógico. Pero a no olvidarse que es Grondona quien maneja desde hace tres décadas el fútbol argentino. Y Diego lo tiene presente. Y por eso, ante la pregunta si dirigirá en el Mundial, respondió: “Yo también tengo que hablar con Grondona”.
Jueves 29 de octubre
Año VIII | Edición Nº781






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